Publicado Tagged ‘Xóchitl Gálvez’

Desafió su destino y superó todos los prejuicios

Lunes, marzo 29th, 2010

Hace algu­nos días con­cu­rrí a una reunión de la Red de Men­to­raje para Muje­res en México, MxM Aun­que cono­cía algo de su vida, real­mente no tenía idea de quien era. Cono­cer su his­to­ria, los desa­fíos a los que se enfrentó y con su espon­ta­nei­dad innata, me ins­piró muchí­simo. Ojalá esto ayude a trans­mi­tir un poco de esta men­tora que con sólo cono­cer su vida anima a cum­plir tus objetivos.

Cuando la escu­ché en per­sona mi per­cep­ción fue que el enojo hacia su papá fue siem­pre el impulso a superarse… En este video cuenta su infan­cia! Una his­to­ria que demues­tra que todos tene­mos opor­tu­ni­da­des! Quien se queja por falta de opor­tu­ni­dad sólo está jus­ti­fi­cando su falta de voluntad!

Para quie­nes no son de México les cuento que Xóchitl es un nom­bre de mujer de ori­gen pre­co­lom­bino que sig­ni­fica flor. Ella es de ascen­den­cia otomí y nació en el pue­blo de Tepa­te­pec, Hidalgo, loca­li­zado en el Valle del Mez­qui­tal.
En este lugar cursó la pri­ma­ria y para la mayo­ría de los niños es toda la edu­ca­ción que obte­nían pues no había secun­da­ria, sin embargo ella quiso con­ti­nuar sus estu­dios en la pre­pa­ra­to­ria que estaba en otro pue­blo lla­mado Mix­quiahuala. Para que su madre le diera per­miso, ella tuvo que pen­sar cómo ase­gu­rarse de que con­ti­nuara exis­tiendo el ingreso de la gela­ti­nas que ella ven­día y habló con el dueño de la tienda del pue­blo, él se quedó con una comi­sión por cada venta, pero las ven­tas se mul­ti­pli­ca­ron así que ésa fue su pri­mera gran nego­cia­ción.
Final­mente se tras­ladó a la Ciu­dad de México en donde estu­dió Inge­nie­ría en Compu­tación, en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­noma de México.
En el pri­mer semes­tre de sus estu­dios fue des­pe­dida de su tra­bajo por su acento, tuvo muy malas cali­fi­ca­cio­nes por­que su pre­pa­ra­ción no estaba al mismo nivel que sus com­pa­ñe­ros y un extraño intentó ata­carla en la puerta donde vivía, aun­que logró libe­rarse, se quedó llo­rando en la calle de noche con miedo de vol­ver y toda la gente que pasaba ni la miraba.
Por un momento pensó que todo aque­llo era un error y que debía vol­ver, sin embargo, pronto se quitó esa idea de la cabeza por­que nada podía ser peor que ren­dirse al des­tino.
(En per­sona ella dijo: — Me vi en mi pue­blo casada con un borracho…)

Su his­to­ria es apa­sio­nante y muchas cosas trans­cu­rrie­ron hasta que un día, entre otros pre­mios, en el año 2000, reci­biera el reco­no­ci­miento de la revista Busi­ness Week por inte­grar el grupo de los 25 lati­noa­me­ri­ca­nos cuyo lide­razgo hará cam­bios impor­tan­tes en el con­ti­nente. Cuando le tocó tomar la pala­bra se refi­rió a las comu­ni­da­des indí­ge­nas, a quien siem­pre apoyó para pro­mo­ver la igual­dad de opor­tu­ni­da­des. Por esta razón el pre­si­dente electo de ese momento en México la invitó a ser parte de su gabi­nete, sin embargo ella lo que pre­fi­rió es ser titu­lar de la CDI (Comi­sión Nacio­nal para el Desa­rro­llo de los Pue­blos Indí­ge­nas).
En dicho cargo se dis­tin­guió por sus decla­ra­cio­nes for­mu­la­das siem­pre en un len­guaje sim­ple y con pala­bras alti­so­nan­tes, y por sus opi­nio­nes a veces opues­tas a la línea ofi­cial del gobierno. Renun­ció a dicho cargo el 6 de diciem­bre de 2006 debido a un desacuerdo con la nueva admi­nis­tra­ción de Felipe Cal­de­rón Hino­josa por la reduc­ción del pre­su­puesto de la CDI.
Si corre algo de san­gre indí­gena por tus venas sabes con cuan­tos pre­jui­cios luchó Xóchitl, si en cam­bio eres mujer sabes de cuan­tos man­da­tos here­da­dos por la fami­lia superó, si naciste en una fami­lia pobre de un pue­blo pequeño lejos de las opor­tu­ni­da­des sabes lo difí­cil que es creer en tus sue­ños e igno­rar los comen­ta­rios de otros.
La for­ta­leza más grande de Xochitl es haber desa­fiado el des­tino que otros le mar­ca­ban, un ser humano excep­cio­nal que merece ser admi­rada más que por sus logros aca­dé­mi­cos, empre­sa­ria­les o polí­ti­cos, por el amor a su ori­gen, a su san­gre y a su cul­tura y por­que ade­más enten­dió desde siem­pre que ser mujer y tener ascen­den­cia indí­gena la hacía fuerte y sim­ple­mente ejer­ció su poder desde muy pequeña.

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