¿Vivir queriéndose morir? O ¿Morir queriendo vivir?

Hace unos días, en una reunión fami­liar, se recordó al abuelo de mi esposo, León, que murió, diciendo a su hijo: –No me quiero morir…
Esas fue­ron sus últi­mas palabras…¡Duro!
Sobre todo cuando sabes de tanta gente más joven y más sana que piensa en la muerte como un ali­vio.
¿Qué será peor? Cues­tionó mi esposo al día siguiente: ¿Vivir que­rién­dose morir? O ¿Morir que­riendo vivir?

La refle­xión nos llevó a dife­ren­tes ejem­plos, como el de mi pro­pia abuela, ella ter­minó sus años de vida sin saber lo que que­ría (a causa del Alz­hei­mer). Una mujer muy tra­ba­ja­dora, que luchó siem­pre por iner­cia más que por con­vic­ción, hizo siem­pre lo que sabía que se espe­raba de ella. No sé real­mente qué hubiera que­rido para ella misma.

Pero… ¿Qué es mejor?

No voy a negarlo, he deseado más de una vez la muerte, me con­fieso así de cobarde.
Cuando más fuerte lo deseé, mi pri­mer hijo tenía ape­nas 5 años… Enor­mes emo­cio­nes con­tra­dic­to­rias que me ensa­ña­ron a ser una mamá dife­rente, pues él era lo único que me obli­gaba a no pen­sar egoís­ta­mente; Enton­ces, al verlo no sólo como a mi hijo sino como a un niño que aún nece­si­taba a su madre, sin impor­tar si era per­fecta o no; pro­vocó que lo qui­siera aún más, un amor más com­pa­sivo… El dolor de no sen­tirme libre de desear morir, se con­ver­tía en una razón real para vivir.

Lo mejor es vivir teniendo qué hacer, sin­tiendo satis­fac­ción de lo que cada día apor­tas a la huma­ni­dad, como parte de ti mismo.
Verte refle­jado en el pró­jimo y darte cuenta que el fin de tu vida no es el fin de todo, que mien­tras vives tie­nes algo para dar y lo que des va vivir en los demás.

Seguro que debe dar miedo no saber que hay des­pués, pero tan­tas veces hemos dado sal­tos a lo des­co­no­cido. Yo creo que, como mi abuela, habrán cosas de mí que per­du­ra­rán, las bue­nas como las malas ser­vi­rán, espero que el miedo no me cie­gue y poder dar el paso son­riente. Mien­tras tanto ¡¿Qué más da cuando lle­gará?! Lo mejor sin lugar a dudas es vivir cada día como si fuera el último y rea­li­zando pro­yec­tos y teniendo muchos para empe­zar y dejar otros por ter­mi­nar también.

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3 Responses a “¿Vivir queriéndose morir? O ¿Morir queriendo vivir?”

  1. Hebe Dice:

    El que haya pasado situa­cio­nes con­flic­ti­vas, lími­tes, tan difí­ci­les, lamen­ta­ble­mente piensa locu­ras y está siem­pre latente la opción de la muerte como solu­ción del pro­blema.
    Y x supuesto yo no soy ajena a haber tenido que pasar x esa elec­ción. Y como decis vos, son los hijos los que nos retie­nen a la vida. Aun­que tam­bíén muchas veces se piensa que seria una buena solu­ción para los hijos.
    Ayyy que difi­cil que es la vida, la muerte, la elec­ción de saber que es lo que está bien y que lo que está mal.
    Habrá que seguir tran­si­tando la vida para saber si en algún momento lle­ga­re­mos a saber que ¿Qué es lo mejor?
    Gra­cias Mon­tse x com­par­tir estos pen­sa­mien­tos que muchas veces lo vemos como sim­ples pero es mucho mas pro­fundo que eso . Gracias

  2. OR² Dice:

    Ese sen­ti­miento muchas veces ronda mi mente, tanto por curio­si­dad, como por eva­sión del sufri­miento, más ter­mino, que­rida Mon­tse, por con­cluir, que pri­varme de la vida, no es deci­sión mía. Mien­tras no haya cum­plido mi pro­pó­sito, Dios me dejará por este mundo. Así ter­mina siendo sólo un pen­sa­miento.
    Estuve a punto de per­der a alguien muy que­rido, quien trató de sui­ci­darse en 2 oca­sio­nes. El dolor y la rabia q generó al rede­dor fue tran­for­man­dose en com­pa­sión. Y fue enton­ces que, visto desde fuera, com­prendí que aque­llas inten­cio­nes que yo misma había tenido en años ante­rio­res, no solu­cio­na­rían nada en mi vida, al con­tra­rio, deja­rían heri­das más pro­fun­das en quie­nes amo.
    Con­si­dero que se nece­sita valor para qui­tarse el aliento. Pero se nece­sita más para seguir viviendo.

  3. Montse Dice:

    Así es, lo escribí por­que no me gusta oír a gente des­pre­ciar la vida, con todas las opor­tu­ni­da­des de ale­gría y tris­teza que le dan sen­tido.
    Sim­ple­mente quise decir que las per­so­nas tene­mos la capa­ci­dad de rena­cer de la ceni­zas, que la vida vale la “pena, angus­tia y deses­pe­ra­ción” de ser vivida.
    Al final cada vez que nos hemos sen­tido tan mal, el vacío ter­mina por col­marte de ener­gía, de repente eres minúsculo, tanto que la sen­sa­ción comienza a ser agra­da­ble cuando en el mismo ins­tante todo te colma… Luego todo se ve a la dis­tan­cia y com­pren­de­mos que la vida es per­fecta aun­que no la entendamos.

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